jueves, 18 de febrero de 2010 | Noticias de los Socios

Cien años de lujo y aristocracia se refugian en el Hotel Ritz

Escondido en un rincón del Paseo del Prado, junto al museo del mismo nombre, el Hotel Ritz ha sido testigo discreto de los avatares de la vida política, económica y social madrileña y española desde su apertura, de la que este año se cumple un siglo.

Publicado en Expansión el 17-02-10, por Yovanna Blanco

El 3 de octubre de 1910, abría sus puertas el primer establecimiento de lujo de la capital española, un acontecimiento anunciado el día anterior en los periódicos de la época, junto a la siguiente descripción: “Situado en el mejor y más limpio lugar de Madrid, cerca del Museo del Prado, la Bolsa de Madrid, el Banco de España y el Congreso. 200 habitaciones y salones. 100 cuartos de baño. Habitaciones iluminadas, con baño y calefacción, desde 7 pesetas. Pensión completa, desde 20 pesetas al día”.

Pero la historia del Hotel Ritz comenzó dos años antes, en 1908. En aquella época, el empresario suizo César Ritz ya había alumbrado a los dos hermanos mayores del establecimiento madrileño: el Ritz París (1899), el primero en contar con baños en las habitaciones, y el Ritz Londres (1906). Otras capitales europeas, como Berlín, Roma o Viena, no tenía el suyo, pero sí alojamientos de lujo donde la nobleza podía hospedarse.

Esta carencia había pasado desapercibida en el caso de Madrid, hasta que la boda del Rey Alfonso XII con Victoria Eugenia de Battenberg, nieta de la Reina Victoria de Inglaterra, la hizo patente a finales de mayo de 1906. Las nupcias, que se celebraron el último día del mes, supusieron un quebradero de cabeza para el monarca debido a que no había un lugar adecuado para alojar a la aristocracia europea que asistiría al enlace y que, finalmente, tuvo que distribuirse en los palacios particulares de la nobleza en Madrid.

Esta problemática, unida a los planes de Alfonso XIII de convertir la capital española en una moderna metrópoli a la altura de sus vecinas europeas, aceleró la creación del primer hotel de lujo. El rey quería, además, que Madrid albergara una Exposición Universal unida a la celebración del Descubrimiento de América. Aunque la idea no llegó a fraguarse, en 1908, Alfonso XII sugirió la creación de una empresa para construir el hotel.

El 27 de junio de ese año, nació la Compañía de Desarrollo del Ritz, presidida por el Marqués de Guadalmina. La sociedad se constituyó con un capital social de 2,5 millones de pesetas en forma de acciones emitidas por importe de 2,7 millones, con el objetivo social de la “construcción y explotación de un hotel de primera clase en Madrid, de importancia similar a la del Hotel Ritz de Londres y del Carlton y Ritz de París”. El terreno escogido para levantarlo, colindante al Museo del Prado, costó 1,15 millones de pesetas. El presupuesto inicial rondaba los cuatro millones, que finalmente superaron los 5,62 millones. El arquitecto Charles Mewes, artífice del Ritz París, y Luis Landecho fueron los encargados de diseñar el edificio, con la empresa madrileña Tomás Torres como la principal constructora.

Estructura
El 2 de octubre de 1910, la Familia Real, encabezada por Alfonso XIII, presidió la inauguración del Hotel Ritz Madrid, cuyo espíritu lo forjaba un cúmulo de detalles lujosos. El salón de baile, el de fumadores y el comedor hacían las delicias de los asistentes, al igual que el jardín de invierno, con palmeras y plantas bajo un techo de cristal. Dos kilómetros de alfombras hechas a mano y a medida en la Real Fábrica de Tapices adornaban habitaciones, salones y pasillos. El ajuar lo componían 15.000 piezas de cubertería de plata de Goldsmith (Reino Unido) y 20.000 piezas de porcelana traída de Limoges (Francia).

La Real Fábrica de Tapices hizo a medida dos kilómetros de alfombras para el establecimiento
Cada planta contaba con cuatro o cinco cuartos de baño, cada habitación tenía su lavabo y, junto al ascensor de cada una de las seis plantas, el huésped encontraba una cabina de teléfono. “Fue el primer palacio-hotel de España construido con una estructura de acero, al igual que la Torre Eiffel, y se diferencia porque fue el pionero, ya que sus características palaciegas sólo han vuelto a repetirse en el Hotel Palace”, explica José María Bermejo, director adjunto del hotel. Este establecimiento es el hermano pequeño del Ritz, pues nació en 1912. Ubicado al otro lado de la plaza de Cánovas del Castillo, su construcción completó la planta hotelera de lujo en Madrid. Según Bermejo, “no hay rivalidad entre ambos hoteles porque son conceptos diferentes. El Ritz es más controlable y cercano al cliente porque no es lo mismo gestionar 167 que 400 habitaciones”.

Los caminos de ambos establecimientos confluyeron en 1932, cuando Georges Marquet se hizo con la propiedad a la Compañía de Desarrollo Ritz. El hotelero belga, que también controlaba el Hotel Palace, impuso unas normas estrictas para salvaguardar y elevar al máximo la cota de exclusividad del Ritz. El huésped del hotel sólo podía ser alguien distinguido y el código secreto para elegir o descartar a un cliente se fijaba, entre otras, por cuestiones como el origen familiar, la educación, el estilo, los modales y el poder económico del eventual cliente. Quien no pasaba el corte, engrosaba la categoría NTR (No Tipo Ritz) y era transferido a otros hoteles, en su mayor parte, al Palace. Por su parte, aquéllos que sí recibían la aprobación , debían acatar una serie de normas. Entre ellas, destacaban la prohibición de beber en los salones de lectura, de fumar en el restaurante y de dormirse en los sofás del vestíbulo. Además, los hombres debían vestir corbata y a las mujeres se les prohibía el uso de pantalón. No se admitían animales ni viajes en grupo (regla que finalmente cayó en desuso), y artistas y toreros tampoco tenían plaza.

Guerra Civil
El estallido de la Guerra Civil, en 1936, convirtió al Ritz en hospital y los heridos eran atendidos en el jardín de invierno, presidido por la estatua de la diosa Diana. En su interior, falleció el anarquista Buenaventura Durruti tras haber resultado herido el 20 de noviembre junto a la Casa de Campo. El 29 de marzo, un día después de que las tropas de Franco entraran en Madrid, una flota de camiones con cubertería, uniformes y muebles llegó procedente del Hotel Alfonso XIII de Sevilla con el propósito de que el Ritz recuperara la normalidad con la mayor celeridad posible.

Tras la contienda, el establecimiento se renovó y continuó recibiendo clientes ilustres como el mariscal Pétain, los duques de Windsor, Eva Perón y Gregorio Marañón. En 1947, falleció Georges Marquet y su hijo asumió las riendas de los hoteles. En aquella etapa, el Ritz llegó a contar con 500 empleados, 20 de ellos botones. Un huésped especial para el hotel era el Rey Juan Carlos, que se alojaba la primera noche antes de trasladarse a la residencia de estudiantes y pasaba de vez en cuando para cortarse el pelo o leer los periódicos.

En 1977, el nieto de Georges Marquet vendió los hoteles Ritz y Palace al empresario catalán Enrique Massó por 400 millones de pesetas. No fue el destino final de los hoteles, que, cinco años después, fueron traspasados a Trusthouse Forte por 1.000 millones de pesetas. El grupo británico invirtió 1.100 millones de pesetas (unos 6,6 millones de euros) en la modernización del Ritz, que tardó 10 meses en volver a generar beneficios. Desde 2003, tras un breve periodo como Hotel Méridien, el establecimiento forma parte de la compañía hotelera Orient-Express y pertenece a partes iguales a la firma y a Omega Capital (propiedad de Alicia Koplowitz).

Los planes de futuro del Hotel Ritz pasan por una pronta renovación, de la que ya se apuntaban los primeros detalles en 2008 y que, finalmente, fue aplazada. Según Bermejo, “llevamos más de cuatro años esperando los permisos y, entre los cambios planificados, está la recuperación de la cúpula que había en el jardín de invierno, abriendo artesonados por encima de la estructura original para conseguir más luz con una cristalera”.

En 1932, los huéspedes del Ritz se elegían en función de su origen familiar, estilo, educación y poder económico
Esta reforma irá mucho más allá que la anterior, de carácter leve y que data de 2002, y también contempla la insonorización de los salones. Las 167 habitaciones habitaciones dobles, 30 de ellas suites, se respetarán, mientras que la sexta planta se reservará para las suites presidenciales. Por el momento, se desconoce la fecha de las obras y tampoco se ha decidido si éstas obligarán a cerrar por completo el hotel, algo que nunca ha sucedido en su historia. Lo que sí está claro es que el propósito es renovar el Ritz sin que pierda su identidad para que los clientes sigan recreándose de su ambiente, al menos, 100 años más.

Todo gira en torno al huésped
La puerta giratoria de cuatro aspas que da la bienvenida al cliente le invita a realizar un viaje al pasado. Nada más entrar en el hotel, el huésped se convierte en el protagonista para los 250 empleados, a los que se exige buena presencia, experiencia, dominio de al menos dos idiomas, simpatía y naturalidad. Uno de los trabajadores más emblemáticos fue Perico Chicote, maestro de cócteles español, que hizo sus primeros pinitos en el Hotel Ritz, donde comenzó a trabajar en 1916, con apenas 17 años. Chicote, que abrió su propio bar en Gran Vía en 1931, era un importante coleccionista de botellas y llegó a tener 18.000.

Decoración clásica, signo de distinción
La decoración del Ritz ha sido un distintivo del hotel desde su nacimiento e, incluso, sirvió como modelo para que los nobles decoraran sus palacios. Nada más entrar, el huésped tiene a su izquierda la conserjería y, a la derecha, en una zona más discreta, la recepción. En el hall, dividido en dos alturas, resaltan los jarrones chinos, antiguos relojes y un cofre de Luis XIV. Y, como la tradición no está reñida con la calidad, si el cliente quiere un café, dispone de una máquina Nespresso en su habitación.

La importancia del cátering
Los ingresos del Hotel Ritz, cifra que descartan hacer pública, se reparten entre el alojamiento y la restauración, que representa más de un 50%. Los clientes pueden contratar el cátering externo del hotel, proveedor de la Casa Real. En los años noventa, por ejemplo, los Reyes de España encargaron al establecimiento que organizara sus comidas durante su visita a Jordania. El Ritz también sirvió a las 350 personas que asistieron a la cena previa al enlace de los Príncipes de Asturias.

El secreto del jardín de verano
La terraza y el jardín de verano son otros importantes puntos de venta para el Ritz. La primera, con sus mesas ataviadas con manteles de hilo y sus sillones de mimbre blanco con almohadones azules, son la extensión del Restaurante Goya, que representa la apuesta que el hotel ha hecho por la gastronomía en los últimos años. El jardín, por su parte, cuenta con especies únicas de árboles cedidos por el Jardín Botánico y es el escenario habitual de cócteles, banquetes, bodas y presentaciones. El hotel asegura que está manejando la crisis y que ha mantenido las tarifas, que van desde 260 a 4.500 euros (suite real).
 

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